
En los últimos años, la adaptación cinematográfica de los best-seller se ha puesto a la orden del día. Y no me refiero a un best-seller como “El señor de los anillos”, una trilogía publicada hace más de cincuenta años. No. Me refiero a un best-seller que aprovecha su momento de fenómeno literario de masas para dar su paso al cine de la forma más rápida posible, aprovechando al máximo el tiempo de rentabilidad de un producto de este tipo.
Como ya se citaba en la entrada anterior, las adaptaciones son cada vez más frecuentes en la industria cinematográfica, algunas de mejor y otras de peor calidad. Pero donde realmente está la base del éxito de la adaptación del best-seller es en la promoción, y en una promoción próxima y contagiosa: un espectador medio que haya leído o no el libro, pero que conozca de su existencia, probablemente acudirá a verla a una sala de cine.
Es impresionante la rapidez con la que los últimos best-seller han llegado a las salas, como por ejemplo “El código Da Vinci” y su continuación, “Ángeles y Demonios”, ambas de Dan Brown, o la saga de “Harry Potter”, de J.K. Rowling, una saga que se ha colocado en los más altos puestos en las listas de número de fans e ingresos, tanto por los libros como por sus películas.
Aún así, al igual que pasa con el resto de los libros que el séptimo arte adapta para si, el público prefiere los libros a las películas, y mucho más en lo referente a los best-seller contemporáneos a nuestro tiempo. Ahí es donde se demuestra la calidad de estos proyectos de adaptación literaria, en la que la prisa por conseguir inmensas sumas de dinero hace sombra a la posible calidad que podría tener una película. Y esto es perjudicial para todo menos para el bolsillo de algunos afortunados.
Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve en mi mano un ejemplar de “Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres”. Estaba en mi casa, sobre la mesa en la que descansan los libros que lee mi madre día a día. Me fijé en el libro por dos cosas: el diseño de la portada y de la chica que la ocupa, y en otro detalle que me llamó enormemente la atención: la frase “los hombres que no amaban a las mujeres”. Me pareció un título sugerente y contemporáneo con uno de los problemas de la sociedad mundial: el machismo y la violencia de género. Lamentablemente, han tenido que pasar tres años para que me haya decidido a leerlo. Aquel ejemplar había llegado a mi casa después de haber sido devorado por los ojos de amigos y familiares: el famoso “boca a boca”, el germen de muchos éxitos que no se fabrican como tal.
El creador de la saga “Millennium”, Stieg Larsson, murió a los pocos días de hacer entrega de la tercera y última parte a su editor. No llegó a conocer el éxito de sus novelas, y siempre se catalogó a si mismo como un escritor de segunda, dándole a la escritura de novelas el rango de hobby, aunque lo cierto es que dicho hobby le ocupaba una gran cantidad de tiempo.
Sin duda alguna el éxito de las novelas recae en una comunicación directa con el público, sin un estilo literario notable -al fin y al cabo es otra novela más de investigación e intriga- pero con una narrativa rítmica y entretenida que utiliza un lenguaje que produce dicha conexión desde un primer momento. Pero no hay que olvidar a los personajes protagonistas: Mikael Blomkvist, un periodista de investigación que no pocas veces parece un fiel retrato de su creador,y sobre todo la hacker Lisbeth Salander, que con su estilo punk y su fuerte personalidad ha sabido convertirse en uno de los iconos literarios más importantes de la última década, ya que representa el valor y la ira que, por desgracia, no poseen todas las mujeres a las que día a día agreden sus parejas u otros hombres. Todo ello ha contribuido a que la trilogía “Millennium” haya sido traducida a más de 40 idiomas y que haya vendido millones de ejemplares por todo el planeta.
Finalmente, el cine ya ha jugado su papel a la hora de transmitir el fenómeno Millennium. Y lo ha hecho de una forma tan fugaz que en menos de tres años hemos visto en las salas de todo el mundo las adaptaciones de los tres libros, todas de producción escandinava. Aún así, y como suele pasar, Hollywood ya se ha hecho con los derechos para adaptar la obra de Larsson, y pretende hacerlo a lo grande: Steve Zaillian (“La lista de Schindler”, 1993) adaptará el libro y David Fincher (“Se7en”, 1995) dirigirá la película.






