lunes, 20 de septiembre de 2010

Sobre las adaptaciones II: el fenómeno "Millennium"


En los últimos años, la adaptación cinematográfica de los best-seller se ha puesto a la orden del día. Y no me refiero a un best-seller como “El señor de los anillos”, una trilogía publicada hace más de cincuenta años. No. Me refiero a un best-seller que aprovecha su momento de fenómeno literario de masas para dar su paso al cine de la forma más rápida posible, aprovechando al máximo el tiempo de rentabilidad de un producto de este tipo.

Como ya se citaba en la entrada anterior, las adaptaciones son cada vez más frecuentes en la industria cinematográfica, algunas de mejor y otras de peor calidad. Pero donde realmente está la base del éxito de la adaptación del best-seller es en la promoción, y en una promoción próxima y contagiosa: un espectador medio que haya leído o no el libro, pero que conozca de su existencia, probablemente acudirá a verla a una sala de cine.

Es impresionante la rapidez con la que los últimos best-seller han llegado a las salas, como por ejemplo “El código Da Vinci” y su continuación, “Ángeles y Demonios”, ambas de Dan Brown, o la saga de “Harry Potter”, de J.K. Rowling, una saga que se ha colocado en los más altos puestos en las listas de número de fans e ingresos, tanto por los libros como por sus películas.

Aún así, al igual que pasa con el resto de los libros que el séptimo arte adapta para si, el público prefiere los libros a las películas, y mucho más en lo referente a los best-seller contemporáneos a nuestro tiempo. Ahí es donde se demuestra la calidad de estos proyectos de adaptación literaria, en la que la prisa por conseguir inmensas sumas de dinero hace sombra a la posible calidad que podría tener una película. Y esto es perjudicial para todo menos para el bolsillo de algunos afortunados.

Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve en mi mano un ejemplar de “Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres”. Estaba en mi casa, sobre la mesa en la que descansan los libros que lee mi madre día a día. Me fijé en el libro por dos cosas: el diseño de la portada y de la chica que la ocupa, y en otro detalle que me llamó enormemente la atención: la frase “los hombres que no amaban a las mujeres”. Me pareció un título sugerente y contemporáneo con uno de los problemas de la sociedad mundial: el machismo y la violencia de género. Lamentablemente, han tenido que pasar tres años para que me haya decidido a leerlo. Aquel ejemplar había llegado a mi casa después de haber sido devorado por los ojos de amigos y familiares: el famoso “boca a boca”, el germen de muchos éxitos que no se fabrican como tal.

El creador de la saga “Millennium”, Stieg Larsson, murió a los pocos días de hacer entrega de la tercera y última parte a su editor. No llegó a conocer el éxito de sus novelas, y siempre se catalogó a si mismo como un escritor de segunda, dándole a la escritura de novelas el rango de hobby, aunque lo cierto es que dicho hobby le ocupaba una gran cantidad de tiempo.

Sin duda alguna el éxito de las novelas recae en una comunicación directa con el público, sin un estilo literario notable -al fin y al cabo es otra novela más de investigación e intriga- pero con una narrativa rítmica y entretenida que utiliza un lenguaje que produce dicha conexión desde un primer momento. Pero no hay que olvidar a los personajes protagonistas: Mikael Blomkvist, un periodista de investigación que no pocas veces parece un fiel retrato de su creador,y sobre todo la hacker Lisbeth Salander, que con su estilo punk y su fuerte personalidad ha sabido convertirse en uno de los iconos literarios más importantes de la última década, ya que representa el valor y la ira que, por desgracia, no poseen todas las mujeres a las que día a día agreden sus parejas u otros hombres. Todo ello ha contribuido a que la trilogía “Millennium” haya sido traducida a más de 40 idiomas y que haya vendido millones de ejemplares por todo el planeta.

Finalmente, el cine ya ha jugado su papel a la hora de transmitir el fenómeno Millennium. Y lo ha hecho de una forma tan fugaz que en menos de tres años hemos visto en las salas de todo el mundo las adaptaciones de los tres libros, todas de producción escandinava. Aún así, y como suele pasar, Hollywood ya se ha hecho con los derechos para adaptar la obra de Larsson, y pretende hacerlo a lo grande: Steve Zaillian (“La lista de Schindler”, 1993) adaptará el libro y David Fincher (“Se7en”, 1995) dirigirá la película.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Sobre las adaptaciones


Si uno se dispone a comentar algún aspecto relacionado con el mundo de la cinematografía, debería empezar aclarando ciertas bases sobre las que se asienta cualquier película. Estamos hablando de como el Séptimo Arte unifica a sus seis predecesores. La pintura, la música, la arquitectura, la escultura y la fotografía asentaron la base técnica del nacimiento del cine, demostrado en obras en las que apenas existía un guión, tales como “La llegada del tren”, rodada por los hermanos Lumière en 1895.

El cine comenzó su andadura en un género que hoy en día podría catalogarse como documental, que tan sólo mostraba situaciones de la vida cotidiana y que no llegaba más lejos del hecho de mostrar imágenes en movimiento. Una ilusión para unos, como el francés George Mèliés, y un experimento para otros, como los ya citados hermanos Lumière. Pronto llegaría el momento en el que el deseo innato del ser humano de contar y transmitir historias encontrase su mayor tesoro: hacer de esas historias una realidad. Y aquí, de la mano de esas historias, es donde entra la literatura y su transmisión al cine.

Utilizar el preciado cinematógrafo como soporte para narrar historias no tardó en instaurarse de manera magistral, como demostró Méliès en 1902 con su “Viaje a la Luna”, donde a través de un guión original, que resultó un cortometraje de doce minutos de duración, y alimentándose de sus dotes de ilusionista, consiguió hacer realidad para el cada vez más grande público un viaje con el que el hombre soñaba desde tiempos inmemorables. Al igual que el ilusionismo, no serían pocas las manifestaciones artísticas que han afectado al cine hasta nuestros días, como la danza y sobre todo en los últimos años, el cómic.

El cine aprendió con rapidez de sus seis hermanos mayores y fue labrando su propio camino, y a pesar de estar influido por las distintas corrientes artísticas, consiguió independizarse. Aún así, los cineastas y productores no tardaron en recurrir a obras literarias de multitud de géneros, tanto por su potencial cinematográfico como económico. Algunos de los más admirados directores de la Historia del Cine cuentan con un altísimo porcentaje de películas con un guión adaptado o basado en, como por ejemplo el estadounidense Stanley Kubrick y los trece largometrajes que rodó a lo largo de su carrera, todos adaptados o basados en novelas. Un ejemplo que me gustaría resaltar en estas líneas es “The Killing”(Stanley Kubrick, 1956), un guión escrito a partir de una novela que está completamente partida temporalmente. Kubrick adaptó la estructura de la novela, resultando un guión completamente roto a nivel temporal: un recurso muy utilizado para guiones originales de largometraje, que volvió a poner de moda Quentin Tarantino a principios de los noventa con “Pulp Fiction”(1994).

De todas formas, no fueron pocos los clásicos de la literatura universal que se añadieron a la larga lista de guiones adaptados. Desde numerosas partes de la Biblia, como “Los diez mandamientos” (Cecil B. DeMille, 1956), hasta novelas, como “Tener y no tener”, un libro de Ernst Hemingway que resultó una película del mismo título dirigida por Howard Hawks en 1944. Aún así, el arte de la adaptación no supone reproducir los hechos que se cuentan en un libro, sino en saber sintetizar o ampliar tramas, personajes, situaciones e incluso localizaciones y la ambientación de la obra. Esto puede propiciar cierto distanciamiento en la comunicación película-espectador, ya que normalmente el público prefiere leer la obra escrita a verla en pantalla. Para orgullo del cine, existen excepciones. Pocas películas consiguen el objetivo mayor de una adaptación: superar la obra anterior. Ésa es la premisa de la que parte un guión adaptado, superada para mucha gente con novelas como “El Padrino”, de Mario Puzzo. De todas formas, subrayo el ejemplo de “El Padrino” para recalcar una táctica que emplean los estudios de la industria norteamericana desde hace muchos años: fomentar ya desde un principio la escritura de un libro para su posterior adaptación cinematográfica. Otra manera que hace de las adaptaciones un éxito es sin duda la capacidad para poder llegar a una idea general formada en la mente del público en torno a la obra literaria, algo logrado por “El Señor de los Anillos”(Peter Jackson, 2001-2003).

Insisto en el ejemplo de Stanley Kubrick, ya que con su filmografía demostró, una vez más, que un libro puede llevarse al cine de manera magistral. Hoy en día, a pesar de que se sigan escribiendo grandes libros y grandes películas, la herramienta de la adaptación literaria ha cobrado tal importancia a nivel económico que la calidad cinematográfica de las adaptaciones es mucho menor de lo que debería ser.

¿Demasiadas adaptaciones?. Probablemente.

martes, 28 de julio de 2009

"Stanley Kubrick: Una vida en imágenes": excepcional documental sobre uno de los grandes



En sus entretenidas dos horas de duración asistimos a un retrato de un maestro, un cineasta único que supo marcar tendencias completamente novedosas en el Hollywood de la segunda mitad del siglo XX, ganándose para muchos cinéfilos (incluyéndome a mi) un sitio entre esos pocos "genios".

Este documental posee un análisis tanto personal como profesional que nos muestra una de las carreras cinematográficas menos prolíficas pero a la vez más contundentes de la historia del cine.

Sin duda, una de las grandes ventajas de este documental es su acercamiento personal a esta figura única y controvertida, a la vez que tenemos ante nosotros una especia de breves "making of" de cada una de las 13 películas que componen su filmografía, lo cuál es, ante cualquier fan de Stanley Kubrick, un aspecto muy importante a destacar.
Humanizando a este polémico artista, el documental se alimenta de una fuerza narrativa y emotiva que sólo sus admiradores podrán saborear.

Una pequeña joya de la que se puede aprender más de lo que puede parecer a simple vista.

jueves, 23 de julio de 2009

"OPEN WATER": cuando la sencillez se vuelve en contra


"Open Water" parte de una premisa comercial que viene dada sobre todo por dos de las películas de terror más rentables y taquilleras de todos los tiempos: "Jaws" y "The Blair Witch Project", siendo la primera un ejemplo de suspense y destreza cinematográfica y la segunda un 'film' que consigue por lo menos dos buenos momentos de suspense. Pues bien, en "Open Water" no he encontrado nada que se asemeje a ninguna de esas características propias del cine de terror y suspense, o por lo menos ningún elemento que me haya recordado cuál es mi mayor fobia animal: los tiburones (todo gracias al bueno de Spielberg y a los siete u ocho años que tenía cuando vi su magnífica "Jaws"). 

Resulta molesto el intento de poner en tensión al espectador, y no lo digo por que la película esté grabada en formato digital, sino por el empleo que los realizadores hacen del citado formato: hay hasta planos operados con foco automático, algo que, con todos mis perdones y por lo menos para mi, hace que me salga de la trama.  

No me siento aislado en el océano, que supuestamente es aquello que busca la película sumado al terror que pretenden desprender los cutres aletazos de los tiburones en la superficie del mar. Me imagino al equipo (que supongo que sería reducido) detrás de las cámaras mientras graban o al editor uniendo planos de escualos que podrían ser de cualquier documental acuático con planos de los dos personajes principales sin ningún tipo de énfasis dramático. Por lo tanto me atrevería a afirmar que la puesta en escena es mala, y si nos vamos a la acción que tiene lugar en tierra firme, esa malísima puesta en escena alcanza límites insospechados. 

Otro aspecto a destacar es el modo en que el guión y la realización nos cuentan como la tripulación del barco se olvida de la pareja protagonista... ¡eso es la base de la historia! No sé si en realidad habrá sido tal y como la cuentan, pero lo que sí sé es que está fatal narrado y que los actores que pertenecen a la tripulación son muy malos. 

En definitiva un fracaso de film, que podría tener muchas más posibilidades de realización y narrativa, ya que en "Open Water" el mayor error recae en una fallida sencillez y un incorrecto empleo del formato digital, utilizado para dar más veracidad a la historia.

lunes, 23 de marzo de 2009

Instinto


Impactante, bella, natural, artificial, habitada, humanizada, comunicada, incomunicada, deshumanizada... Éstas sólo son algunas de las ideas acerca de la Tierra y nuestro habitar en ella que pasan a través de nuestra cabeza desde el comienzo de este excepcional documental.

Las poderosas imágenes acompañadas de una genial música de Philip Glass, más una fuerte carga crítica presente en cada uno de los planos que contemplamos, hace que al terminar de ver "Koyaanisqatsi", una extraña sensación física nos recorra de arriba a abajo.

Yo creo que es nuestro cuerpo, instintivamente.

Está pidiendo ayuda.

viernes, 6 de marzo de 2009

Una nueva (y muy extraña) forma de hacer cine


"Pradolongo" es, sin duda alguna, el peor ejercicio cinematográfico que he visto en mi vida. Antes de nada, me gustaría subrayar la vergüenza que me produce esta "película" como gallego que soy, y de que la cinematografía gallega actual se identifique en el resto de España con este film (Espero estar equivocándome).
Su conjunto de clichés, sus estúpidos diálogos y sus pésimas interpretaciones se suman a una realización sin precedentes: plagada de saltos de eje, malísimas angulaciones y de un raccord inexistente. Destaco también su tratamiento de iluminación, que es extremadamente malo, sin ningún tipo de continiudad y que hace que los fondos de los exteriores parezcan auténticos cromas.
Yo no soy el que le ha puesto esas notas de las que la "película" goza en webs del estilo de filmaffinity.com u otras por el estilo (tiene un 7 en la citada página), pero tal vez esas personas se han sentido realizadas con ese estilo inexistente y vacío del film, junto a un ritmo sin sentido, que no está presente, que no existe: da la impresión de que no está pasando nada, y la manera de narrar es simple y llanamente MALA. La falta de recursos narrativos y expresivos cinematográficos es constante, y cuando se intenta dar con ellos, se fracasa.Un insulto para aquellos a los que le gusta el cine y una pena para aquellos que se quedaron sin la subvención de la Xunta de Galicia (y de otras partes de la Administración) que sí obtuvo esta "película".
Sólo espero que no se repitan patrañas como ésta en la cinematografía gallega (y española) (y de todo el mundo).
NOTA: A partir de hoy, viernes 6 de marzo, podréis ver en YouTube el primer cortometraje realizado por Jacobo Sáenz - Diez en la Escuela Gallega de Cine (EGACI). Su título es "Marionetas" y lo encontraréis dividido en 2 partes.

domingo, 1 de febrero de 2009

Dub-ya


Bueno bueno bueno...
No me ha decepcionado. De hecho, me ha gustado. Digamos que aunque sea más una sátira que un insulto a la cara del gabinete Bush Jr., "W." no ha fracasado en su concepción del ex-presidente de los Estados Unidos: George W. Bush.
La película comienza con una discusión en el famoso despacho oval entre Bush y su equipo sobre  atacar o no a Iraq. Los primeros...mmm... "detalles" ya hacen su aparición aquí, representados por un dibujo que hace Ronald Rumsfeld en su bloc, algo un tanto macabro, ¿no? Están hablando de empezar una guerra (que además no tiene sentido, tal y como afirma Colin Powell), y el Secretario de Defensa se dedica a dibujar mientras tanto. Tras esto, las palabras de Dick Cheney, que permanece escuchando hasta el final, dejan ya muy claro el tono con el que Stone narrará la vida y el mandato de Bush, un tono que recuerda, sin duda, a la grandiosa y terroríficamente divertida "Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú" (Dr. Strangelove: Or How I Learned To Stop Worrying And Love The Bomb, Stanley Kubrick, 1964).
George Bush es reflejado como un títere de su gabinete, y como un patoso que no supo hacer nada de su vida hasta que se encontró a si mismo con la religión católica y con la política, aunque ya se ve que ni desde un principio se le dio bien, y según el film, la carrera política de su padre es el mayor aliciente para comenzar la suya (cabe destacar, que el momento en el que se ve más afectado a Dub-ya moralmente hablando es cuando su padre pierde las elecciones contra Bill Clinton).
La película transcurre en la primera legislatura de Bush, y el presente está formado por las reuniones y opiniones a la hora de atacar Iraq, mientras que vamos viendo su vida a base de numerosos flashbacks: siendo universitario, en la cárcel, de alcohólico, la mala relación con su padre... De todas formas, da la sensación de que, partiendo de unos hechos conocidos mediáticamente, el director Oliver Stone y el guionista Stanley Weiser se han puesto a especular sobre que pasó realmente dentro de la Casablanca y de las relaciones que existían entre el gabinete Bush. Aún así, la película pone verde a Cheney, a Ricce y a Rumsfeld, aunque sobretodo a los dos primeros, y por las nubes a Colin Powell, quien es el único que defiende lo que supuestamente representan los Estados Unidos para con el resto del mundo. 
En cuanto a la parte técnica del film, me ha encantado la manera con la que Stone ha rodado la película, a veces de manera simple y habitual, pero llama la atención el empleo de angulares en los primeros planos, con los que reafirma de nuevo que estamos ante una caricatura del funcionamiento del mundo, y en este caso, visto desde el punto de vista de uno de los peores gobiernos que los Estados Unidos han tenido en su historia. Sin duda alguna, el dueño de la gran mayoría de esos primeros planos a los que me refiero, es Dub-ya. En general, Stone reafirma su capacidad como realizador, (me encantan sus inclinaciones con la cámara, destacables en una pelea entre Bush padre y Bush hijo en este film), y empleando la luz para resaltar aún más al Bush-marioneta: en una reunión sobre el ataque a Iraq, mientras Rumsfeld, Powell, Ricce, Cheney etc debaten y deciden, Bush se aleja un poco de la mesa, quedándose, en el momento de la decisión, en un punto de la sala muy poco iluminado, como si no tuviese nada que ver con él. Josh Brolin está estupendo como Bush, y hay que subrayar su voz, que se acerca (y mucho) a la voz real del propio George W. Bush.
En defintiva, una buena película, que decepciona un poco en el sentido crítico en lo referente a Bush, ya que lo ponen más tonto que cabrón, aunque no sé que será peor, pero una cinta entretenida e interesante, que refleja, una vez más por parte de Oliver Stone, como funcionan realmente las cosas en el mundo, y mucho más en Estados Unidos.