
Si uno se dispone a comentar algún aspecto relacionado con el mundo de la cinematografía, debería empezar aclarando ciertas bases sobre las que se asienta cualquier película. Estamos hablando de como el Séptimo Arte unifica a sus seis predecesores. La pintura, la música, la arquitectura, la escultura y la fotografía asentaron la base técnica del nacimiento del cine, demostrado en obras en las que apenas existía un guión, tales como “La llegada del tren”, rodada por los hermanos Lumière en 1895.
El cine comenzó su andadura en un género que hoy en día podría catalogarse como documental, que tan sólo mostraba situaciones de la vida cotidiana y que no llegaba más lejos del hecho de mostrar imágenes en movimiento. Una ilusión para unos, como el francés George Mèliés, y un experimento para otros, como los ya citados hermanos Lumière. Pronto llegaría el momento en el que el deseo innato del ser humano de contar y transmitir historias encontrase su mayor tesoro: hacer de esas historias una realidad. Y aquí, de la mano de esas historias, es donde entra la literatura y su transmisión al cine.
Utilizar el preciado cinematógrafo como soporte para narrar historias no tardó en instaurarse de manera magistral, como demostró Méliès en 1902 con su “Viaje a la Luna”, donde a través de un guión original, que resultó un cortometraje de doce minutos de duración, y alimentándose de sus dotes de ilusionista, consiguió hacer realidad para el cada vez más grande público un viaje con el que el hombre soñaba desde tiempos inmemorables. Al igual que el ilusionismo, no serían pocas las manifestaciones artísticas que han afectado al cine hasta nuestros días, como la danza y sobre todo en los últimos años, el cómic.
El cine aprendió con rapidez de sus seis hermanos mayores y fue labrando su propio camino, y a pesar de estar influido por las distintas corrientes artísticas, consiguió independizarse. Aún así, los cineastas y productores no tardaron en recurrir a obras literarias de multitud de géneros, tanto por su potencial cinematográfico como económico. Algunos de los más admirados directores de la Historia del Cine cuentan con un altísimo porcentaje de películas con un guión adaptado o basado en, como por ejemplo el estadounidense Stanley Kubrick y los trece largometrajes que rodó a lo largo de su carrera, todos adaptados o basados en novelas. Un ejemplo que me gustaría resaltar en estas líneas es “The Killing”(Stanley Kubrick, 1956), un guión escrito a partir de una novela que está completamente partida temporalmente. Kubrick adaptó la estructura de la novela, resultando un guión completamente roto a nivel temporal: un recurso muy utilizado para guiones originales de largometraje, que volvió a poner de moda Quentin Tarantino a principios de los noventa con “Pulp Fiction”(1994).
De todas formas, no fueron pocos los clásicos de la literatura universal que se añadieron a la larga lista de guiones adaptados. Desde numerosas partes de la Biblia, como “Los diez mandamientos” (Cecil B. DeMille, 1956), hasta novelas, como “Tener y no tener”, un libro de Ernst Hemingway que resultó una película del mismo título dirigida por Howard Hawks en 1944. Aún así, el arte de la adaptación no supone reproducir los hechos que se cuentan en un libro, sino en saber sintetizar o ampliar tramas, personajes, situaciones e incluso localizaciones y la ambientación de la obra. Esto puede propiciar cierto distanciamiento en la comunicación película-espectador, ya que normalmente el público prefiere leer la obra escrita a verla en pantalla. Para orgullo del cine, existen excepciones. Pocas películas consiguen el objetivo mayor de una adaptación: superar la obra anterior. Ésa es la premisa de la que parte un guión adaptado, superada para mucha gente con novelas como “El Padrino”, de Mario Puzzo. De todas formas, subrayo el ejemplo de “El Padrino” para recalcar una táctica que emplean los estudios de la industria norteamericana desde hace muchos años: fomentar ya desde un principio la escritura de un libro para su posterior adaptación cinematográfica. Otra manera que hace de las adaptaciones un éxito es sin duda la capacidad para poder llegar a una idea general formada en la mente del público en torno a la obra literaria, algo logrado por “El Señor de los Anillos”(Peter Jackson, 2001-2003).
Insisto en el ejemplo de Stanley Kubrick, ya que con su filmografía demostró, una vez más, que un libro puede llevarse al cine de manera magistral. Hoy en día, a pesar de que se sigan escribiendo grandes libros y grandes películas, la herramienta de la adaptación literaria ha cobrado tal importancia a nivel económico que la calidad cinematográfica de las adaptaciones es mucho menor de lo que debería ser.
¿Demasiadas adaptaciones?. Probablemente.

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